2017: Precoz y llena de matices

//2017: Precoz y llena de matices

2017: Precoz y llena de matices

Un sucinto análisis de las eventualidades acaecidas en el año 2017 nos ofrecen la
oportunidad de generar estrategias óptimas y así, año tras año, incorporarlas e
integrarlas a nuestros procedimientos de trabajo, con el fin de crear vinos únicos y
singulares.
Tras un otoño generalmente suave, el frío llegó la tercera semana de noviembre 2016:
dos semanas con heladas y nieblas densas reducieron larvas y esporas dañinas en los
viñedos. La brotación se inició de manera precoz, 10 días antes respecto a 2016. Las
viñas más jóvenes, caracterizadas con raíces más superficiales y más sensibles a los
cambios de temperatura del suelo, brotaron a mediados de marzo.
A pesar de que la primavera fue poco lluviosa, las precipitaciones fueron
suficientemente regulares para el buen desarrollo de la vid. Sin embargo, el fuerte frío
de la última semana de abril afectó a muchos viñedos de toda Europa, con heladas que
se recordarán catastróficas ( mínimas históricas en muchas zonas, Castilla y León -9ºC,
Aranda del Duero -4,8 ºC, Rioja -3,8 ºC). Afortunadamente en Porrera llegamos a una
mínima de 2ºC y se evitaron daños que hubieran podido ser mayores.
A mediados de mayo llegamos a la plena floración, con temperaturas altas y un buen
cuajado de muchas cariñenas, esquivando así una mala fecundación por la lluvia
intensa de la primera semana de junio, más de 30 L/m2. Prosiguieron los días con
temperaturas elevadas hasta el 28 de junio con una lluvia puntual de 20 L/m2,
aumentando la humedad relativa al 65 %; lo que nos obligaba a estar muy atentos a los
tratamientos ecológicos para no tener incidencia de enfermedades fúngicas, como
pueden ser el oídio, el mildiu o el también temido black rot.
A mediados y finales de julio se apreciaron los primeros enveros, por lo que todo hacía
pronosticar que sería una añada más bien precoz en la mayoría de parcelas.
Agosto y setiembre llegaron con temperaturas cálidas, por encima de la media,
algunos días superando los 37 ºC. El ciclo vegetativo se ralentizó un poco mostrando
algún síntoma de estrés hídrico. El 15 de setiembre cayeron en Porrera 10 L/m2,
permitiendo que el proceso de maduración continuara con una planta en perfecto
equilibrio, evitando así pasificaciones y pérdidas de producción.

El punto óptimo de maduración lo alcanzamos unos 15 días antes que la media
histórica de añadas precedentes, especialmente en viñedos más jóvenes. En cambio,
en los viñedos más bien adaptados, con raíces ya más profundas y una altitud
considerable, la añada seca y cálida se muestra menos perceptible en la variable de
calidad, irrumpiendo aquí la verdadera esencia del terroir. La Mallola, el Perer y sus
subzonas encontradas en las microvinificaciones hechas a lo largo de los años nos
ayudan a precisar bancal por bancal el momento óptimo de recolección. El terroir se
reafirma una vez más.
Es en las micro vinificaciones de 190 Kg por barrica donde yace la idiosincrasia del
microterruño, cada orientación, cada altitud, cada exposición, cada tipología de
llicorella, cada vigor de cepa, cada aroma, cada paisaje, cada matiz…De la búsqueda de
la expresión de la pequeña subzona de cada parcela nacen los vinos más singulares,
personales y detallistas. Únicos: Roca Roja, Roca Gris y El Perer. Algo más que
trasciende a la suma de todos estos factores que nos evoca esta magia del paisaje en la
copa.

Damià del Castillo Blaise

2018-02-18T10:39:05+00:00 February 18th, 2018|Viticultura|